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Nacida de los cielos nocturnos y la cambiante luz del norte, esta pulsera combina los brillantes susurros de la labradorita con la serena gravedad del ágata negra. El brillo metálico de la hematita se entrelaza como una armadura silenciosa. Es una pieza para el hombre que camina con intuición: firme, con los pies en la tierra, pero siempre abierto a las corrientes invisibles. Un talismán moderno tejido en suave cordón negro, que lleva el ritmo de la piedra, la sombra y la luz.